martes, 10 de mayo de 2011

Artículo interesante de Guillermo Prudencio Vergara



A continuación nos hacemos eco de un interesantísimo artículo de Guillermo Pruedencio Vergara en el que se nos menciona y que reproducimos en su totalidad.

¡¡¡Muchas gracias Guillermo!!!

Madrid vuelve a la huerta

La escena es bastante pintoresca. Un grupo de unas veinte personas pone a punto un huerto para la primavera: reconstruyen los bancales de cultivo, arrancan las malas hierbas y recogen algunas lechugas y ajetes que quedaban en el huerto. Esta mañana toca plantar berenjenas, tomates, pimientos… El olor de la tierra removida y el ruido de las azadas crean la atmósfera de calma y tranquilidad que impregna la vida de cualquier pueblo de la España rural. Pero un tren de Cercanías pasa a toda velocidad por encima de nuestras cabezas, devolviéndonos a la realidad. No estamos en la Comarca de la Vera ni en los Ancares leoneses, sino en pleno Madrid, a menos de cien metros de la M-30. La gente que pasa mira a estos „hortelanos urbanos‟ (así les gusta llamarse) con curiosidad, asombro incluso. Desde luego, Puente de Vallecas no es el típico sitio dónde esperarías encontrarte a tantas personas cultivando un huerto. Al final de la Calle de Cerro Negro se levanta un oasis de biodiversidad y tranquilidad en medio de la jungla de asfalto, el Huerto de Adelfas, uno de los muchos huertos comunitarios que han surgido en los últimos años en Madrid.


Es el primer domingo de Abril, y como cada primer domingo de mes, las personas que participan en el Huerto de Adelfas se reúnen con ocasión de la jornada de „Huertas Abiertas‟. “Nuestro objetivo no es conseguir una gran producción, sino tener un espacio al aire libre que pueda ser transformado por las propios vecinos del barrio”, explica José Luis Fernández (más conocido como Kois), uno de los integrantes del Huerto de Adelfas. “Rehabilitamos un espacio degradado y lo convertimos en un punto de encuentro y participación, más allá del uso pasivo que se suele dar a las zonas verdes, en beneficio de los habitantes del barrio y del medio ambiente”, apunta José Luis. El Huerto de Adelfas, creado hace un año por la Asociación Vecinal “Los Pinos”, comparte la razón de ser de otros muchos huertos urbanos comunitarios que han surgido en los últimos años en la ciudad de Madrid: el solar de Antonio Grilo, la Huertita de Tetúan, el Huerto de La Ventilla…

Todos tienen sus peculiaridades, pero entre sus características comunes están que son autogestionados y que apuestan de forma decidida por la agricultura ecológica como forma de alimentación sana, local y respetuosa con el medio ambiente. Aunque en principio pueda parecer una actividad impropia de una gran ciudad, los que la prueban acaban encantados. “He descubierto que cultivar un huerto es una forma maravillosa de desestresarme”, dice Sarah Bailey, una entusiasta hortelana urbana que participa en la Huertita de Tetúan. “El trabajo manual después de un día en la oficina, la sensación de autosuficiencia al preparar comida que he cosechado yo misma y el compañerismo entre todos los que participamos en el huerto… Cada cosa aporta un poco de tranquilidad y felicidad que llevo conmigo entre semana”, explica Sarah.

Aunque el huerto comunitario más antiguo es el de GRAMA y ARBA en la Casa de Campo, se podría considerar que muchos de los huertos madrileños, sobre todo los impulsados desde asociaciones vecinales, surgen a raíz del Huerto de La Piluka (Barrio del Pilar). En el verano de 2006, un grupo de vecinos comienzan las labores de limpieza y acondicionamiento de un pequeño solar degradado, que hasta ese momento era usado como vertedero. “La ilusión y el empeño por crear espacios públicos y participativos en el barrio, que mejoren el tejido social y favorezcan la calidad de vida, se ha conseguido plasmar en este huerto comunitario, construido y mantenido entre todas las personas que se animan a acercarse”, explican en su web. Gracias a su acción transformadora, “donde antes había suciedad y excrementos caninos hoy crecen tomateras, melisas, mentas, coles, flores…”

El espíritu del Huerto de la Piluka, la recuperación espontánea de espacios abandonados para crear zonas verdes y huertos urbanos, tiene su origen en un movimiento surgido en Manhattan en 1973, las ‘Green Guerrillas’. Liz Christy, una artista del Lower East Side, juntó a un grupo de vecinos, amigos y activistas para transformar un solar cerrado en un bullicioso y vibrante jardín comunitario. A partir de este primer jardín y mediante acciones como el “bombardeo” de solares vacíos con semillas, consiguieron expandir el movimiento de los jardines comunitarios por toda la ciudad. En la actualidad hay 700 jardines comunitarios en Nueva York, y el Ayuntamiento continúa cediendo espacios para su creación.

Madrid está muy lejos de esas cifras, a pesar de ser una ciudad con mucha tradición hortícola. “Madrid era una ciudad de huertas, había 300 hectáreas, por lo menos”, comenta Luciano Labajos, jardinero municipal y miembro de Ecologistas en Acción. “La mayor parte de los jardines históricos de Madrid tienen una base de huertas tradicionales previas al jardín, por ejemplo, en la Casa de Campo o toda la ribera del Manzanares, y en el Retiro también había una zona de huertecillas”, explica. Con el desarrollo de la ciudad todas esas huertas se perdieron, y Luciano defiende que “hubiese sido interesante conservar estas huertas, al menos parte de ellas”.

Este retroceso histórico se está revirtiendo, y en los últimos años se ha producido un auténtico “boom” en los huertos urbanos comunitarios. Ya hay más de veinte en toda la ciudad, y no paran de surgir nuevos huertos: los últimos, el de Las Águilas y el de Lucero, además de seis más que hay en proyecto. ¿A qué se debe semejante revolución hortelana? “El creciente interés por lo „eco‟, acompañado por la búsqueda de pasatiempos que cuestan poco o nada (ahora que estamos en crisis), hacen que la gente haya empezado a participar más en huertos urbanos y otras iniciativas parecidas”, opina Sarah Bailey. Sarah apunta también al factor social: “Creo que hoy en día la gente quiere volver a sentirse vecina de un barrio o de una comunidad en vez de pasar toda la vida sin conocer al del piso de al lado, y en ese sentido, los huertos urbanos son una forma divertida de conocer a la gente del barrio.” A pesar de su creciente popularidad, muchas de estas iniciativas siguen teniendo un futuro incierto, al ser difícil contar con espacios públicos adecuados donde ser desarrolladas. Por ejemplo, la Huertita de Tetúan se encuentra en una parcela en venta, y tienen permiso de la dueña para ocuparlo mientras busca compradores, por lo que en cualquier momento podrían tener que abandonarla.


Es igualmente problemático que este tipo de uso del suelo no tenga, por el momento, reconocimiento normativo alguno. Desde su creación, “Esta es una plaza” ha tenido que hacer frente a muchas dificultades por este motivo. Fundado en el marco de un taller de intervención urbana en La Casa Encendida en Diciembre del año 2008, el proyecto pretendía transformar el solar de la calle Doctor Fourquet 24, de propiedad municipal y en desuso desde hace más de treinta años, en un espacio público abierto para todos los vecinos de Lavapiés, con huerto incluido. El Ayuntamiento no renovó la cesión del terreno y acabó ordenando la destrucción de la plaza, acción que provocó la llamada “Revuelta de las lechugas”: llenaron las calles de lechugas, cintas negras de luto en los árboles y esquelas en memoria de las verduras perecidas bajo las palas de las excavadoras. Gracias al revuelo formado, consiguieron reunirse con los responsables del área de Urbanismo del Ayuntamiento, y en Diciembre de 2009 obtuvieron la cesión temporal de la mitad del solar por un máximo de cinco años.

Los esfuerzos por promover estas iniciativas no han contado con apoyo institucional, pero a pesar de ello se han conseguido importantes avances. En Febrero de 2010 se fundó la Comisión de Huertos Urbanos de la FRAVM (Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid). José Luis Fernández, que además de participar en el Huerto de Adelfas es el coordinador de esta comisión, explica que su objetivo era “crear un espacio de referencia para los huertos vecinales, aunar esfuerzos e iniciativas y prestar apoyo para lo que se estaba haciendo en Madrid.” En Marzo de este año se da un paso más y se crea la „Red de Huertos Urbanos de Madrid‟, que busca poner en común las distintas iniciativas, no sólo vecinales, también las asociativas (como „Esta es una plaza‟), y universitarias (como la huerta de la Complutense). En su web explican que son “una red de redes, para que los colectivos que se dediquen a la agricultura urbana de forma ecológica, que sean públicos y comunitarios, tengan un espacio de encuentro y comunicación.”

“También pretendemos conseguir que el Ayuntamiento apruebe un Plan Municipal de Huertos Urbanos, que deberán ser participativos y autogestionados”, añade José Luis. El Ayuntamiento de Madrid ha mostrado en varias ocasiones su disposición a promover este tipo de iniciativas. En Febrero de 2010 Ana Botella, la Delegada de Medio Ambiente, declaró que estaban estudiando cómo dedicar terrenos sin uso a la creación de huertos urbanos. Y un año después, el pasado mes de Marzo, Botella volvió a anunciar que el Ayuntamiento se estaba planteando poner en marcha un proyecto de „huertos de ocio‟, pequeñas parcelas de cuyo cuidado se encargarían jubilados y otros colectivos sociales. Con estos ejemplos se puede deducir que, a pesar de sus supuestas buenas intenciones, el Ayuntamiento no tiene mucha prisa por empezar a trabajar en este tema. Las últimas noticias son que el Área de Urbanismo está estudiando nuevas cesiones temporales de suelo dotacional a asociaciones de vecinos para la creación de huertos, como sucedió con el solar de “Esta es una plaza”, pero nada en concreto.

“El Ayuntamiento últimamente pone un poquito de interés, pero su interés va en función de la presión de los ciudadanos”, opina Luciano Labajos. “Va a depender de los ciudadanos que esto sea un movimiento serio o una anécdota. Es decisivo que en todos los barrios surjan colectivos que quieran trabajar para consolidar los huertos urbanos”, sostiene Labajos. “El Ayuntamiento tiene que ceder parcelas, realizar procesos formativos y enmarcar los huertos comunitarios en el resto de políticas públicas con las que tienen relación, como participación y Medio Ambiente”, indica José Luis Férnandez.

Incomprensiblemente ignorados por el Ayuntamiento, los huertos comunitarios son alabados por los expertos en urbanismo y medio ambiente por los beneficios que conllevan sobre la vida en la ciudad. Son una herramienta que puede satisfacer de manera simultánea múltiples necesidades, demandas y problemas del entorno urbano, entre otras: recuperación de espacios degradados, aumento del interés y la responsabilidad por el buen uso y mantenimiento de las zonas verdes del barrio, experiencias de participación ciudadana novedosas e inclusivas, generación de nuevos espacios de encuentro y convivencia, educación ambiental para implicar a la ciudadanía hacia la sostenibilidad… José Luis Fernández va un poco más allá: “En el futuro viviremos una más que probable crisis energética y el impacto del cambio climático, y por extensión habrá que cambiar muchos de los estilos de vida asociados al sistema actual. En ese escenario, la agricultura urbana se puede convertir en un elemento estratégico para garantizar la transición social, abasteciendo en un porcentaje elevado a las propias ciudades, dotándolas de cierta autonomía, o soberanía alimentaria, de la que ahora no disponen”.

Teniendo en cuenta sus beneficios sobre la vida urbana, resulta lógica la importancia que se les ha dado a estos espacios en otras grandes ciudades europeas, mucha mayor que la que tienen en Madrid, sobre todo a nivel institucional. En París, por ejemplo, el Ayuntamiento facilita la creación de jardines comunitarios desde la aprobación en 2003 de la ‘Charte Main Verte’, entendiendo el jardín como un espacio dónde llevar a cabo prácticas sostenibles y un refugio de biodiversidad, y también como lugar de encuentro entre generaciones y culturas dentro del barrio. El Ayuntamiento ofrece apoyo y cede el terreno de forma temporal a asociaciones ciudadanas mediante la firma de una especie de contrato, con el que la asociación se compromete a cumplir ciertas exigencias: entre otras, deben abrir el jardín al público dos medias jornadas a la semana con algún miembro de la asociación presente, organizar al menos un evento público por estación o mantener el jardín en buen estado de manera sostenible (cultivo sin fertilizantes ni pesticidas). Ya han surgido casi 100 jardines a partir de esta iniciativa, lo que constituye todo un éxito y un ejemplo a seguir.

En Londres también han apostado fuerte por los huertos urbanos comunitarios con el proyecto 'Capital Growth', que da respuesta al movimiento ciudadano que venía reclamando la creación de espacios verdes en la ciudad. El objetivo es “ayudar a los londinenses a transformar la capital mediante la creación de 2.012 nuevos espacios de cultivo antes del final del año 2.012.” La campaña ofrece apoyo técnico y material a asociaciones o grupos de vecinos que pretendan cultivar sus propios huertos, tanto si tienen terreno disponible como si no. De momento están lejos de su objetivo, con 932 huertos, pero los números siguen siendo impresionantes.

Pero no hay que irse tan lejos para encontrar ciudades que apoyan la agricultura urbana y ecológica. El Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid, en el área metropolitana de la capital, impulsa desde el año 2008 la creación de huertos comunitarios en espacios degradados, además de iniciativas de agroecología. Una de esas iniciativas es la de la asociación “Amor a la Tierra”, que se centra sobre todo en el aspecto de la soberanía alimentaria y en la producción y el consumo local. “Le quisimos dar una vuelta de tuerca más al concepto de agricultura ecológica añadiendo premisas de cercanía en las producciones”, comenta Sergio García Torres, miembro de la asociación. “¿De qué sirve que un tomate sea ecológico si se ha producido a 2000 kilómetros de donde se consumirá?”, se pregunta Sergio. “La contaminación generada del transporte hace que nos planteemos su viabilidad como producto ecológico. Sin duda, lo ecológico es también lo local”, sostiene.

Otra de las grandes posibilidades que ofrecen los huertos urbanos es la educación ambiental, en especial si se une con la formación de los más pequeños. El Ayuntamiento de Madrid ha apoyado esta herramienta a través de la creación de la „Red de huertos y jardines escolares‟, a la que ya se han adherido 49 centros escolares. Esta red es parte del programa “Educar hoy por un Madrid más sostenible”, un proyecto que busca llevar la temática medioambiental a los colegios públicos madrileños. El programa considera al huerto escolar como “un recurso pedagógico y una oportunidad para el desarrollo de actitudes y comportamientos de afecto hacia el medio.”
El CEIP Pablo Picasso (Hortaleza) es uno de los colegios que ha conseguido insertar el cuidado del huerto en la formación escolar. “La mayoría de los niños de las grandes ciudades no saben lo que es un huerto ni los trabajos que se desarrollan en él hasta que llegan las frutas y verduras a la tienda”, explica la directora del centro. “Algunos alumnos pequeños se sorprenden cuando ven los tomates en las plantas. „Tomates como en Carrefour…‟dicen boquiabiertos.” La acogida de este tipo de actividades es muy buena, pues según comenta, “a los niños les encanta trabajar en el huerto, y a sus padres que lo hagan”. Entre los beneficios del huerto escolar, la directora del centro destaca que “los niños se conciencian sobre el cuidado del medio ambiente, pero no sólo eso, también sobre la necesidad de tener una alimentación sana, ecológica y rica en vitaminas y nutrientes.”

De un carácter más reivindicativo son los espacios de cultivo que han surgido en varias de las universidades públicas madrileñas. El más veterano es el huerto del Colectivo Kybele, asociación pionera en el estudio de la agroecología en España que pertenece a la Escuela de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica. “Pretendemos reivindicar un aprendizaje colectivo paralelo a la institución reglada universitaria, donde tengan cabida distintas maneras de ver la vida rural y la producción y consumo de alimentos”, indica Hugo, uno de los socios de Kybele. “Previamente no había hueco para un huerto en la universidad, nosotros como colectivo reivindicamos el espacio en el año 2005, aprovechando una escombrera abandonada junto a las obras de la última expansión del Palacio de la Moncloa”, explica.

También hay huertas en la Universidad Autónoma, en la de Alcalá y en la Complutense. Esta última se fundó hace muy poco tiempo, en Noviembre de 2010, bajo el nombre de Huerta Agroecológica Comunitaria de “Cantarranas”. Según explican en su web, se trata de “un espacio de acción y socialización, para aprender a producir alimentos sanos, ganar terreno a la ciudad, contribuir a la recuperación de la biodiversidad cultivando y reproduciendo variedades locales, a la vez que intercambiamos experiencias personales, trabajo colectivo, respeto por la diversidad y amistad.” La Huerta de Cantarranas participa en la Red de Huertos Urbanos de Madrid, y seguramente las iniciativas universitarias cumplan un papel importante en la expansión y consolidación de esta corriente "hortelana" que recorre la ciudad. Poco a poco se imponen nuevos hábitos y nuevas formas de entender la vida, en mayor armonía con la naturaleza. Una vida que tiene más en cuenta al entorno, una vida más cercana a la huerta.

Por Guillermo Prudencio Vergara

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